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Karoshi

Karoshi (過労死 Karōshi?) es una palabra japonesa que significa «muerte por exceso de trabajo» y se usa para describir un fenómeno social en el ambiente laboral que existe desde hace varias décadas en Japón, que consiste en un aumento de la tasa de mortalidad por complicaciones debidas al exceso de horas de trabajo, sobre todo a derrames cerebrales y ataques cardíacos. El ministerio de Sanidad de Japón reconoció este fenómeno en 1987….

Adiós verano…

 ¡Sr. Verano, perdóneme! Ayer soñé que era invierno y me caí de la cama por fantasear tonterías.  Soy un hombre insomne: Las computadoras rezan por  que se vaya la luz y yo aguardo… ¡Esa luminosidad tan intensa! donde tu lengua-je me roza y tu mirada con-versa . Como dice el refrán «El pájaro que antes se despierte se lleva el gusano» es solo para ti, lo sé.
Soy bicho diurno, te disfruto, me das entusiasmo, risas, aunque, también me concedes ‘buenas noches’ que hacen vibrar el suelo. Por norma siempre acabo agotando todos tus minutos, día a día, aunque a veces me preocupa el exceso de alegría que me regalas. Desde que te conozco  siempre te espero. Te siento como un suicida a cámara lenta,  cada año vienes y te vas. Pero yo me quedo.

¡HOLA CARACOLA!

 

Hagamos una pausa porque hoy es lunes. O no. Tomemos un café. Entrelacemos nuestras manos. Roza mi frente con las yemas de tus dedos. Un rato. Toquemos ese periódico. De papel. Como si nada importara. Como si todo fuera importante. Como merece cualquier celebración. Prometiendo cosas. Y al final no. Yo vivo. Tu mueres. Instert Coin, mi amor.

¿Sabes cuando de pronto conoces a alguien y tienes la sensación de que ya le conocías? De siglos, de años, de decenios. De nada. Como una voz en off en tu cabeza, que es la historia de tu propia vida, que te repite sin miedo todas las palabras que sientes que debes decir, a su debido tiempo. Y no sabes si es perfecto o terrible.

Pero mientras, agárrame de la cintura fuerte, muy, muy fuerte. Recuérdame que los muertos, también viven. Recuerdame que los vivos, también mueren. Dame un motivo. Un beso. Un gorro de explorador. Pero sobre todo, sobre todo: Quíteme usted la razón. Arránquela como cuando usted arrancó lo que antes decía tuyo. Y ahora tú sólo dices tú y yo sólo digo yo.