Envasar el amor al vacío.

envasar el amor

Preserve the love. Wear a condom (Preserva el amor. Utiliza un condón) es el lema de una campaña diferente, de una campaña que sorprende dejándonos sin  respiración. Desde la tienda más emblemática de Tokio en venta de preservativos  “Condomania” han roto totalmente los esquemas de hasta el más puritano de los puritanos. Preservar el amor para siempre…. ¿Es posible?

preservar el amor para siempre

La vida funciona de tal manera que,
justo cuando empiezas a ser
un poquitín
feliz,
te llama al orden.

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“El amor dura tres años” . Frederic Beigbeder

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La vida del Tauro

He sentido los cambios. Son dolorosos. Mi nariz se ha ampliado hasta convertirse en dos agujeros tan grandes que aspiran cucarrones sin avisar. Ya no tengo pies, ahora me ha salido unas pezuñas para cuatro patas que no sé como van a resistir mi peso, porque mi piel se ensancha hasta romperse en carnes horriblemente negras y peludas, me redondeo por completo hasta cobrar una figura torpe e inabarcable. De mi frente despuntan unos dolorosos cuernos que crecen firmes como sables de color hueso.

Cambio de sexo y unas bolas grandes se asoman por debajo de mi vientre bamboleándose incómodas mientras intento correr. Llega mi hombre, pero esta vez sin corbata ni zapatos. Aparece vestido con unas medias rosas y un traje que emite unos espantosos destellos que casi me dejan ciego. Se acerca a mí con esos ojos que me gritan que quiere acabar conmigo con una espada afilada, una espada que brilla como su chaqueta roja. Me hundo en sus ojos y siento su terror por poseerme.

Los agujeros de mi nariz se expanden, levanto tierra entre mis patas y nos lanzamos a penetrarnos hasta la extenuación. Mi peso contra su agilidad. Mi cabeza enorme contra su frágil humanidad de macho diminuto. Me clava su espada al mismo tiempo que le clavo mi cuerno izquierdo en el hombro. Él sangra a borbotones; mi lomo escurre una sangre tibia que cae sobre la arena.

Sus padres aplauden mientras me tambaleo con la vista borrosa. Pero su espada cae al suelo y deja de brillar. Mi sangre brota incansable pero resisto el dolor. Lo he agujereado sin perdón y siento que su vida estaba entre mis cuernos sucios. Su muerte insulsa sale en los periódicos, a mí, entretanto, me llevan a un antro infecto maldiciendo mi nombre. – Hay que deshacerse de esta mala bestia -refunfuña un veterinario, sin atender a esa mirada ultrajada, a esos ojos de mujer que ha estado a punto de ser asesinada por su esposo. (By mariapaz29)