Somos como ranas, por no decir borregos.

Si se echa una rana a una olla con agua hirviendo, ésta percibe la mortal temperatura, y saltara inmediatamente hacia fuera consiguiendo escapar de la olla sin quemarse. En cambio, si inicialmente en la olla ponemos agua a temperatura ambiente, echamos la rana, ésta se queda tan tranquila dentro del recipiente, pero sí comenzamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reacciona bruscamente sino que se va acomodando a la nueva temperatura del agua hasta perder la conciencia y terminar muerta por el calor.

Esta historia nos debería evocar la forma en que, desde el poder, logran que terminemos aceptando situaciones que deberían provocar nuestra sublevación mediante el método de ir poco a poco poniéndolas en práctica, estamos sufriéndolas gradualmente sin darnos cuenta de lo que nos están haciendo. Sin duda, más real que nunca en la situación económica que vivimos en la actualidad. !Somos ranas sin conciencia!

Los gitanos son los mejores amantes

Primer hecho evidente: vivimos en una sociedad tan atiborrada de información que, o consigues hacer visible tu mensaje resaltándolo de algún modo, o, por muy bueno y necesario que sea, pasará inadvertido en medio del ruido general.  Basta con analizar someramente los títulos que aparecen en los diversos medios de comunicación para poder deducir algunos de los ingredientes que más venden: la violencia y el sexo, desde luego, siempre que se expresen de una manera morbosa u original; la humillación de algún personaje famoso; opiniones chocantes; frases misteriosas… “Los gitanos son los mejores amantes”. Esta sí que es una frase redonda porque une el sexo a cierta incorrección política.

Creo que la revolución microelectrónica tiene cosas maravillosas, pero también ingredientes negativos. Lo cual es lógico si tenemos en cuenta que la red reproduce el mundo, y que en el mundo, ya se sabe, hay de todo, canallas y santos, sabios y ceporros. Pues bien, una de las cosas negativas de internet es que puede fomentar la arbitrariedad, la frivolidad, la vaciedad. Si no aprendemos a discriminar y a movernos en este nuevo barullo cibernético, y si nos rendimos como papanatas a la vertiginosa magia de los clics millonarios e instantáneos, corremos el riesgo de considerar que “lo mejor” es lo que “se ve más”, cuando eso que se ve más puede que sólo sea una carambola banal de casualidades, sensacionalismo y apariencias. (Parte de un artículo de Rosa Montero en El País Semanal).
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Lo siento, tengo curiosidad por reconocer las verdades o lo que es lo mismo “No todo lo que brilla, es oro”…Voy a contabilizar cuanta gente accede al presente artículo vía facebook,  aunque no tenga muchos fans. Por curiosidad! Un saludo By Pau.